viernes, 21 de septiembre de 2012

Buenos días, mis queridos amigos.

Estaba preparando el taller de octubre, y tenía intención de insertar algunos pasajes de la película El Guerrero Pacífico, que precisamente me recomendó mi hijo mayor al que muchos conocéis, Arturo.

Ha resultado ser un hallazgo la película, sinceramente, y os la recomiendo de todo corazón. Está basada en hechos reales, en la vida de un norteamericano que, en su juventud, era gimnasta en la universidad donde estudiaba y, tenía la oportunidad de representar a su país en las olimpiadas. 

Pues bien, todo se basa en todo lo que tuvo que pasar y en el ejemplo que supuso su aprendizaje y proceso de superación, hasta llegar incluso a ganar un campeonato nacional de anillas, tras un fatal accidente de moto que literalmente, le partió la pierna derecha en 12 pedazos. Desahuciado por los médicos y entrenadores, encontró por "casualidad" un tipo peculiar el cual, tras varios encuentros, se ofreció a entrenarle como persona para lograr salir de dónde estaba. No quiero chafaros la película, solo poneros en situación, con lo que no cuento más.

Pero he aquí lo más importante, las múltiples y magníficas lecciones que ofrece este film. Ejemplos de cómo somos la mayoría de los seres humanos, de cómo nos comportamos, de nuestra soberbia y falta de humildad, de cómo creyéndonos en poder de la verdad universal, la fastidiamos una vez tras otra, cómo no ocultamos del miedo tras una máscara de seguridad, como subimos rápidamente precisamente, cuando hemos caído estrepitosamente, etc. etc. etc. porque seguiría durante mucho tiempo.

Intrigado por las bondades y magníficas lecciones que ofrece esta gran película, he dado con un libro que escribió el protagonista, Dan Millman, haciendo un resumen de su filosofía para el desarrollo personal, y quisiera hoy compartirla con todos vosotros. 


Este es el resumen:

Descubrir nuestro valor: No importa lo inteligentes, atractivos y brillantes que podamos ser. Si dudamos de nuestra valía, entonces nuestros propios pensamientos sabotean todos los esfuerzos y pueden acabar por socavar las relaciones y nuestra vida. Es necesario abrirse a la vida con el convencimiento de que nos merecemos aquello que deseamos o tenemos.

Recuperar nuestra voluntad: Incluso los mejores planes siguen sin hacerse si no existe un motor o una voluntad decidida a hacerlos. El amor propio y la autoestima surgen como consecuencia de hacer lo que hay que hacer cuando toca hacerlo.

Vigorizar el cuerpo: Si nos falta la vitalidad no tenemos nada, si tenemos salud, todo es posible. Lo único de lo que podemos estar seguros es que tenemos un cuerpo para vivir. Cuidar este cuerpo es la manera más fácil de estar bien con nosotros mismos y con el entorno.

Administrar nuestro dinero: Cuando tenemos claro nuestro propósito de vida, es fácil amar aquello que hacemos y disfrutar trabajando, nos ayudan a conectarnos con la más alta vocación de nuestra alma, y valoramos el servicio a los demás. Tanto si trabajamos para otro como si somos nuestro propio jefe, debemos entender muy claro que el dinero es neutro, no es ni bueno ni malo. Solo es bueno o malo aquello que hacemos con este simple instrumento. Pero eso sí, debemos ser siempre conscientes de que debemos administrarlo correctamente por nuestro propio bien y el bien que podemos hacer a los demás con él.

Controlar nuestra Mente: Nuestra mente ve el mundo en función de nuestros paradigmas, experiencias y vida pasada. La PNL o Programación Neurolingüística no dice que el mapa no es el territorio, porque el mapa es lo que nosotros vemos y el mundo es mucho más. Nuestros ojos ven aquello que, por todos los filtros que le colocamos delante, pueden llegar a ver:  las creencias, la educación, la opinión, la interpretación, los miedos…. Sólo con una mente libre de todo eso, que al final puede derivar en prejuicios, podemos ver el mundo más real, y por tanto, controlamos nuestra mente con más facilidad, la limpiamos de basura.

Confiar en nuestra intuición: La intuición es la llave que nos abre la puerta a las dimensiones superiores o espirituales del YO. La intuición nos permite reconectarnos con nosotros mismos y responder al mundo con otra claridad. Y recordar, la intuición no es cosa de mujeres. Ellas por su disposición natural la usan mucho y muy bien, pero nosotros los hombres, también la tenemos y la podemos entrenar.

Aceptar nuestras emociones: Aceptar completamente nuestras emociones, sin apegarnos a ellas. No somos nuestras emociones ni nuestros pensamientos. Hay que reconocerlos, hacer las paces con ellos y soltarlos completamente para no identificarse con ellos. Pero eso sí, tenemos que dejarlas fluir, solo así nos conectamos con el ser humano que somos, y con la intensidad precisa para conectar a la vez con el prójimo, generando poderosas relaciones que enriquecen nuestra vida.

Plantar cara a nuestros miedos: el valor no está en la ausencia de miedo, sino en su conquista.” El coraje diario no es un sentimiento sino una acción. Visualizando los resultados positivos conseguirás superar los miedos.

Dar luz en lugar de buscarla: Debemos ser capaces de bajar a las profundidades de nuestra sombra y ser capaces de iluminarla. Esto liberará una gran cantidad de energía, que de otro modo perdíamos en tonterías y que ahora recuperaremos para ser más eficaces. El conocimiento de sí mismo genera la autenticidad, alegría y compasión.

Despertar nuestro corazón: Si despertamos el amor y la empatía, los sentimientos, entonces el corazón fluye y rebosa amor, amor que perdura, que une y no separa, que no son sólo palabras o sentimientos, que no seduce o controla, que sólo es y por ser ilumina. El amor nos abre las puertas a la iluminación diaria.

Servir al Mundo: El servicio es a la vez un medio y un fin, al dar a los demás, viene a nosotros la abundancia y la paz interior.

Nos saboteamos a nosotros mismos en nuestras relaciones, en nuestras prácticas espirituales, en los ámbitos financieros, incluso en nuestra salud. Nos saboteamos la vida porque en algún nivel inconsciente no nos sentimos merecedores de todo lo que podemos obtener. Ese es el reto más importante al que podemos aspirar: el crecimiento personal, el crecimiento espiritual o el desarrollo del potencial humano. Hay que hacer lo que sea necesario para “actuar como si” ese cambio ya se hubiese producido.

Sabemos lo que debemos hacer pero, ¿por qué no lo hacemos? Os dejo todo esto para vuestra reflexión.

Feliz semana a todos. 

Hasta pronto.

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